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Tenemos dos edades: la edad cronológica y la edad emocional

Tenemos dos edades: la edad cronológica y la edad emocional

Por Erica Nancy Ortiz - 26 de Marzo de 2020

Seguramente podrás recordar algún día, o muchos momentos, donde te comportaste como un niño, donde no supiste qué te pasó. Sentiste que algo te tomó y perdiste el control, la cordura, la objetividad, la madurez. En ese momento parecías no ser tú, es decir, no ser el adulto que consideras que eres. ¿Qué paso? ¿Dónde quedó ese adulto y quién tomo su lugar?

Tenemos dos edades

Tu edad cronológica: Eres un adulto de tanta cantidad de años: 20, 30, 40, 50, 60, 70 o más… Ese adulto es el que tiene amigos, pareja, hijos, casa, trabajo. Está a cargo de responsabilidades. Es el que creemos que elige, discierne, reflexiona, actúa en consonancia con ciertos valores y creencias individuales, sociales y culturales.

Tu edad emocional: Por otro lado, desde que naciste atravesaste una infancia en la cual has tenido vivencias placenteras y dolorosas. Si la situación dolorosa que atravesaste resultó ser un impacto muy fuerte para tu mundo emocional, y no encontraste forma de procesarlo, en ese momento una huella quedó registrada en tu cerebro, en tus células, en tu piel.  Algunas veces logramos ir sanando estas huellas, pero otras no. Por más que querramos acceder a ellas no logramos hacerlo, el camino parece bloqueado, incluso el recuerdo olvidado… Otras veces se elige dejarlas allí, “es cosa del pasado que hoy no tiene efecto”.
Como sea, tu avanzaste en la vida, creíste que creciste, y en muchos sentidos fue así pero no en todos.  Por un lado, te convertiste en ese adulto de edad cronológica pero, por otro, ciertas memorias, al no haber sino procesadas, lloradas, aceptadas, sanadas, quedaron congeladas en el tiempo, sin poder crecer, sin poder salir.

Resulta que todos tenemos dentro distintas edades emocionales. Algunas veces puedo llorar desde un niño de dos, reclamar desde una memoria de un niño de cinco, hablar desde un dolor de un niño de nueve o trece años sin siquiera darme cuenta. Cuando eso sucede ya no estoy viendo la situación real, o las verdaderas personas o causas que tengo delante. Hago como un viaje en el tiempo, una regresión, y reclamo lo que no tuve, lo que necesité, lo que siempre esperé… Veo el pasado, vivo el pasado, y no el presente…

¿Quiénes tocan o hacen revivir nuestra edad emocional?

Pueden ser muchas situaciones, pero lo sintetizaré en tres vínculos:

El vínculo con nosotros mismos: Estar solos, o con nosotros mismos, sin distracciones, sin que nadie nos hable, sin hacer nada que nos saque hacia afuera como hacer un deporte, una compra o escuchar música, nos lleva hacia adentro y toca ese espacio, ese recuerdo solitario, abandonado, que buscamos normalmente evitar.
Por eso, no queremos la soledad, no soportamos el silencio, una meditación, la quietud. Debemos huir, incluso, a través de vicios, drogas o cualquier sustituto que aplaque el dolor, que evite o anestesie nuestra angustia pasada. No queremos que nada nos lleve hacia esa sensibilidad o vulnerabilidad.

El vínculo con nuestros hijos: En ellos vemos dos aspectos. Nos vemos inconscientemente a nosotros mismos cuando éramos pequeños. Muchas veces queremos dar, reparar, completar la historia que no vivimos. Por otro, a la vez, somos los que estamos a cargo y, por ende, se despiertan también los recuerdos de cómo fuimos tratados. De repente no sabemos por qué repetimos la historia, o sin poder evitarlo hacemos con nuestros hijos lo que nos hicieron a nosotros.

El vínculo con nuestra pareja: Aquí también se ven dos aspectos. La figura de la pareja nos hace retornar a nosotros como niños. Muchas veces esperamos, inconscientemente, que nuestra pareja sea el padre o la madre que no tuvimos, que cumpla o nos de lo que no nos dieron.  Por otro lado, también nos convertimos en padres o madres de nuestra pareja, cumpliendo roles como tal o tapando sus huecos emocionales. A menudo no somos adultos en pareja, somos niños necesitados demandando y esperando recibir del otro lo que no tuvimos.

No somos libres si actuamos desde la edad emocional

Frecuentemente creemos que respondemos nosotros, los grandes, pero no. La mayoría de las veces son nuestras heridas o memorias guardadas las que pilotean nuestra vida, nos dicen cómo relacionarnos o construir una pareja, responden o reaccionan ante nuestro hijo, o son las que quieren salir corriendo cuando sienten la angustia.

Crecer te permitirá salir de las cárceles emocionales, de las elecciones repetitivas, de los intentos fallidos de creación de lo sano. Dejarás de reproducir dolor, o serás consciente del porqué ha sido así.  
Ilumina los espacios internos inmaduros, dales la mano, ayúdalos a crecer.

Autora: Erica Nancy Ortiz - BioEducadora

Este será el tema central del Taller Online “LAS HERIDAS DE MI INFANCIA: ¿Cómo me afectan a mi, a mis hijos y la pareja?”. Sábado 25 de Abril

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