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El niño desvalorizado

El niño desvalorizado

Por Nancy Erica Ortiz - 2 de Julio de 2021

Por Erica Nancy Ortiz

Los niños necesitan de la aprobación de los padres, su reconocimiento, su apoyo. Constantemente buscan ser vistos, valorados, ser lo que se espera de ellos. En otras palabras, necesitan sentirse suficientes, alcanzarles, que estén orgullosos de ellos.

Pensemos en dos niños, uno crece con la atención y reconocimiento de los adultos “¡qué bien lo haces!”, “¡estoy orgulloso de ti!”, “¡puedes hacer todo lo que te propones!”, “¡inténtalo!”, “¡te felicito!”, etc. Por supuesto, esto no significa que estos padres serán perfectos o ideales, sino que habrá en su acompañamiento una base de admiración, orgullo y valorización hacia el niño.

Ahora hablemos de otro niño, este recibe constantemente sobre exigencia. Los padres manifiestan disgusto e intolerancia ante sus tiempos, formas de hacer o ser; lo controlan, lo comparan, muestran desconfianza, no creen que él podrá solo. Están más atentos a lo que no puede, a sus errores o en lo que se equivocará, que en realzar sus capacidades.
Muchas veces incluso lo culpan por cómo ellos lo tratan, dándole a entender que si fuera de otra manera, no se verían obligados a decir o actuar de la forma hiriente que lo hacen.
En el extremo de esta desvalorización, también podemos encontrar a aquellos adultos que descalifican o humillan explícitamente: “eres un inútil”, “eres un tonto”, “mejor deja, que lo hago yo”. Apodos o motes despectivos: “flacucho”, “enano”, “jirafa”, “gordo”, “bobito”, bromas hirientes o burlas también son parte de la descalificación.
Obviamente estamos hablando de distintos niveles de desvalorización pero, sea sutil o grotesco el trato, lo que queda evidente es que estos padres se sienten decepcionados de los hijos que tienen en vez de orgullosos, y el niño lo siente, lo sabe.

El niño jamás podrá procesar la idea de que son los padres los que están equivocados. Lo que cree, en cambio, es que es él el que está mal, el que no vale lo suficiente, el que se equivoca o molesta, el que no alcanza, el que merece el maltrato porque no hace mejor las cosas o porque es un mal niño...

De todas estas formas este niño maravilloso, que nació sintiéndose poderoso, capaz de todo, único, y lo más importante, con iniciativa y confianza para todo, con la capacidad de  avanzar sin importarle los errores, que es emprendedor porque sabe lo que puede y quiere, se aleja de si mismo…. Pierde espontaneidad, confianza, seguridad, bloquea sus capacidades, las olvida, no las reconoce. Siente vergüenza y culpa de cómo es. Siente miedo a expresarse, de hacer o tener iniciativa, de ser juzgado o de equivocarse…

¿Qué será de este niño cuando sea grande?

¿Qué será de este niño cuando sea grande y tenga que emprender su vida? Hoy hay adultos que nos dicen “no sé qué quiero o qué me gusta”, “no sé qué puedo hacer con mi vida”, “siento que nunca soy yo mismo”, “no me animo a hacer nada”, “tengo miedo a decir lo que pienso o siento”, algunos llegan a sentir pánico y gran ansiedad ante la exposición. La mayoría de las veces estos adultos tienen una vocecita adentro que les dice “otros lo hacen mejor”, “no lo hagas porque no eres o no sabes lo suficiente”, “estás equivocado o te vas a equivocar”, “te va a ir mal”, “te van a juzgar o a nadie le va a gustar”.
Postergan planes, rechazan oportunidades o ni las ven, se quedan en situaciones donde los lastiman, donde no los valoran, incluso, algunos ni registran que están siendo lastimados o humillados. En el fondo siguen sintiéndose un niño que no merece, que no puede, que no es suficiente…

Si eres padre o estás a cargo de niños y has padecido desvalorización, es fundamental trabajarlo, elaborarlo, porque la mayoría de lo no reconocido sale inconscientemente en mensajes, reacciones y actitudes hacia los niños.

Pues ya está, es tiempo de dejar de ser ese niño desvalorizado, y pasar a ser el maravilloso Ser que siempre fuiste. Toma tus capacidades, reconócelas. Inicia la sanación, no estés en la lista de los “pendientes”. Te mereces ser quien Eres.
Cuando hagas este trabajo, podrás sentirte orgulloso de otros, podrás reconocer el brillo en tus hijos, te sabrás centrar en sus capacidades y podrás decirles lo dichoso que estás de que sean así, tal cual son: únicos y maravillosos, como tú.

Autora: Erica Nancy Ortiz - BioEducadora

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